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Campos electromagnéticos y culpabilidad colectiva PDF Imprimir E-Mail
lunes, 31 de marzo de 2008

Lorenzo Doreste Suárez

Catedrático de la ULPGC

La mayoría de las sociedades desarrolladas es proclive a rechazar las culpabilidades colectivas; prefiere buscar individuos que paguen por todos. Víctor Hugo esbozó este problema en “Los miserables”, cuando Mario, desde una barricada callejera, razona que vendrá una amnistía general, pues no se puede meter en la cárcel a tantos revolucionarios. Asimismo, se rechazan las culpabilidades heredadas. Los españoles actuales no tenemos ninguna culpa de las tropelías de Hernán Cortés o Francisco Pizarro, pero sí de las que están cometiendo ahora las empresas españolas en América Latina. Un banco que en España cobra un crédito hipotecario al 4,6 %, en Colombia lo puede cobrar al 31,46 %, que era el máximo permitido por la ley cuando estuve allá en 2000. (Antes lo cobraba a más del 50%). Sin embargo, si queremos señalarle a una sociedad su responsabilidad o su culpabilidad colectiva, tenemos que tener cuidado, pues muchos individuos nos contestarán que ya tienen bastantes preocupaciones con sacar a su familia adelante, y no tienen tiempo de ocuparse de América Latina, ni de Irak, ni de Palestina…

Hay un tema en el que sí podemos decirle a cualquiera por la calle: “Si usted no hace algo para evitar este problema, es culpable de todas las consecuencias, que están perjudicando de forma directa y grave a su propia familia”. ¿Qué tema es éste? El de los campos electromagnéticos y sus terribles, sus letales consecuencias en la salud de personas y animales.

Está científicamente más que demostrada la nocividad de las ondas electromagnéticas generadas por las corrientes eléctricas y por las microondas, es decir: Telefonía, telefonía móvil, radiofrecuencias, telefrecuencias, radares civiles y militares, etc.

El tema es inmenso; mi espacio, corto. Así que remito a mis lectores a Internet. Busquen primero “Declaración de Friburgo, electromagnético” y verán la experiencia clínica de bastantes médicos alemanes y sus interesantes propuestas para paliar esta hecatombe: Reducir límites de potencia de emisión de radiaciones; derecho de la población a participar en las decisiones de colocar o no antenas; zonas libres de antenas, análogas a las zonas peatonales o libres de coches, etc.

Después busquen evidencias científicas, debidas a la labor impagable de investigadores como éstos: “Darío Acuña Castroviejo” (Universidad de Granada); “Emilio Mayayo” (Universidad Rovira i Virgili), “estudio israelí Wolf y Wolf, 2004”; estudio alemán “Eger y otros, 2004”; “Alfonso Balmori Martínez”, (biólogo de Castilla y León). Problemas oculares: “Dovrat electromagnético 2005”. De audición: “García Callejo electromagnético 2005”. Barrera hematoencefálica: “Salford 2003”. Otros estudios: “Hutter”, “Santini”, “Oberfeld”, etc.

Nuestra Universidad de Las Palmas de Gran Canaria tiene que ser abanderada de la lucha contra la contaminación electromagnética, con valentía. Debemos ser capaces de decirle a cualquiera, sin acritud, con una mirada de afecto. “Perdone, pero si usted no hace nada, por modesto que sea, en la lucha contra la contaminación electromagnética, está incurriendo en una responsabilidad criminal, no ante la ley, porque la ley española está atrasada, sino ante los que hemos tomado conciencia del problema”.

Y añadir: “¿Tiene usted niños pequeños, incluso bebés? Pues su responsabilidad es muchísimo mayor”.

 
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